-Cuánto tiempo sin vernos! de repente sentí su mano en mi brazo. Pero no creáis sabía de quién era la mano, y si no reconía la voz de seguro estaría en un aprieto. Su mano, ok, esas manos que habrían tocado tantas cosas. Estaba no sujeta que tampoco era para tanto, pero sí en un stop y un regreso al pasado y a hacer memoria.
Miré, solo pude mirar, pero no vi. No reconocí ni viajé en el tiempo.
Tengo muchas lagunas en el pasado y me dan igual las estadísticas, que sea frecuente que se deba a tal....
Son muchos los momentos que uno está, simplemente, y está sin necesariamente que tener que hacer historia.
No por estar en el reino del olvido son menos importantes ni interesantes.
Quizá piensa mucha gente fue atención en una otra cosa o un pedo casi seguro, o un tiempo tan lejano que te hace hacer el ridículo porque todo el mundo es imporante y tú, tú, solo tú, no te acuerdas y nada de esa periferia te ha vuelto a tocar. Insensible!!
Las reincidencias son tediosas pero hacen historia, no por nada la ciencia tiene suelo firme en las coincidencias y repeticiones.
Pero qué hay de los tiempos y momentos y vidas llenos de momentos, de tiempos y de vidas?sin recuerdo...
Ulmix en la turmix.
La inversión de lo vintage. El doble sentido de las cosas. ¿Dónde estará, yo me pregunto, el cruce en ese discurrir del tiempo que va y que viene? ¿Será el Presente no esa forma del momento que se fija en una foto, en un acto, congelado y quieto, y sí ese cruce, movido, ajetreado, convulso y quieto, ese adiós y ese hola, en un instante, en un juego de cruces, donde nos saludamos a nosotros mismos?.
Es difícil imaginarse en movimiento, siempre nos paramos ante un espejo o superficie otra que nos devuelve la imagen invertida del que somos.
Quizá sea la sombra la que sin peso y oscura nos marque el punto del cruce, en la dirección que desde el sol hasta los límites de nuestra suficiencia, nos recuerde que fuimos en presente y que ahí vamos, juntos, hasta el final de ninguna parte.
Ulma con alma de olmo.


